Leo los borradores y están lejos
una corriente incesante nos arrastra
ahora amo a la luz del día
apoyado en un árbol viejo
El espacio es habitable
y existen
sin magia
los milagros
cuando abres los ojos
martes, 14 de agosto de 2018
jueves, 17 de noviembre de 2016
Camino por la calle vacía de un domingo por la tarde. Las farolas a medio gas. La luz tenue detrás de los visillos es el único vestigio de vida.
Solo, con las manos en los bolsillos, haciendo tiempo. Como si el tiempo se hiciera, cuando se deshace.
Ahora ya deben estar recibiendo el cuerpo de Cristo. Pronto podrán ir en paz, y yo subir las escaleras, hacia casa.
Solo, mirando al suelo, como si alguien tirara migas de pan para almas perdidas.
Con la expectativa de las esquinas y la certeza terca de la esperanza, voy a ningún sitio.
Vengo de perder una partida, de tragarme un insulto, de mirar unas faldas, de rascarme una herida.
Con el pantalón raído del niño y la armadura enclenque del hombre.
Antes de que el amigo fuerte me prestara su sombra. Antes de que unos besos eternos me borraran del frío. Antes de saber que el corazón no se rompe, del todo. Antes de que una sonrisa me salvara la vida.
Y a veces mi rabia me devuelve a esas tardes, y tengo que abrazar a ese niño, y llevarlo a casa.
Solo, con las manos en los bolsillos, haciendo tiempo. Como si el tiempo se hiciera, cuando se deshace.
Ahora ya deben estar recibiendo el cuerpo de Cristo. Pronto podrán ir en paz, y yo subir las escaleras, hacia casa.
Solo, mirando al suelo, como si alguien tirara migas de pan para almas perdidas.
Con la expectativa de las esquinas y la certeza terca de la esperanza, voy a ningún sitio.
Vengo de perder una partida, de tragarme un insulto, de mirar unas faldas, de rascarme una herida.
Con el pantalón raído del niño y la armadura enclenque del hombre.
Antes de que el amigo fuerte me prestara su sombra. Antes de que unos besos eternos me borraran del frío. Antes de saber que el corazón no se rompe, del todo. Antes de que una sonrisa me salvara la vida.
Y a veces mi rabia me devuelve a esas tardes, y tengo que abrazar a ese niño, y llevarlo a casa.
jueves, 8 de enero de 2015
El reloj de arena no se oye
pero el tiempo no se para
El murmullo de las hojas
al paso de unos zapatos gastados.
Los fantasmas campan a sus anchas
las musas visitan a los ahorcados
la gramola rompe el silencio
con canciones prohibidas
En este silencio desordenado
de síndrome de Diogenes
de recuerdos
cruzo los dedos
cierro los ojos y aguardo
A que se posen los demonios
de los cardos
con el aire quieto
de mis sueños
para ver cumplir la profecía
que respire en tu aliento
alimente de besos
y que aguarda en el cajón
con mis gafas de mañana
jueves, 27 de noviembre de 2014
viernes, 31 de octubre de 2014
El viento que mueve las hojas
las voltea y juega con su suerte.
Las paginas del libro se adelantan
y pierdes el hilo de la historia,
asomas la cabeza desde la alcantarilla
y ves a ras de suelo un mundo nuevo
sorprendentemente vivo en colores
de una nitidez casi hiriente
Hay dos fuerzas opuestas
que te expulsan
que te atrapan
pero la naturaleza busca la luz
las voltea y juega con su suerte.
Las paginas del libro se adelantan
y pierdes el hilo de la historia,
asomas la cabeza desde la alcantarilla
y ves a ras de suelo un mundo nuevo
sorprendentemente vivo en colores
de una nitidez casi hiriente
Hay dos fuerzas opuestas
que te expulsan
que te atrapan
pero la naturaleza busca la luz
viernes, 10 de octubre de 2014
sábado, 27 de septiembre de 2014
Escribe con palabras grandes
que le hacen bolsas.
Subida a sus tacones de alambre
reza a unos dioses distraídos,
habla a unas paredes sin eco,
mientras unos ojos la miran
y la atraviesan sin tocarla
La diva de plumas gastadas
besa las estatuas de mármol
y anhela sentada en el banco,
Penelope de cabello rojo,
a un Ulises de tres al cuarto
que flota en su memoria
de velas hinchadas
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