El reloj de arena no se oye
pero el tiempo no se para
El murmullo de las hojas
al paso de unos zapatos gastados.
Los fantasmas campan a sus anchas
las musas visitan a los ahorcados
la gramola rompe el silencio
con canciones prohibidas
En este silencio desordenado
de síndrome de Diogenes
de recuerdos
cruzo los dedos
cierro los ojos y aguardo
A que se posen los demonios
de los cardos
con el aire quieto
de mis sueños
para ver cumplir la profecía
que respire en tu aliento
alimente de besos
y que aguarda en el cajón
con mis gafas de mañana
Leía mi viejo blog y vi muchos comentarios tuyos. Gracias por leerme. Un abrazo.
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