martes, 26 de octubre de 2010

Cuanto mas me desangra este octubre
de razones sin peso
de rosarios de insomnio.
Cuanto mas mi boca te persigue
por los días nublados,
y me muerdo las ganas
y me canso de amarte
sin eco
y me engancho a estelas de nada

Me abrigo de tu frío
de la piel que deshechas
con los ojos vendados
abrazado a tu espejo.

lunes, 18 de octubre de 2010


Atardecer en Santander.
Una vez que el sol se va, bajo al centro a cenar.
Acabo en bares de cazadores solitarios. Recuerdo alguna mirada. Poco mas.
Amanece en Ponte Romano.
El policia del pueblo toma café (magnifico por cierto) en la cafeteria del pequeño hotel donde estoy hospedado.
Me gusta imaginar como seria mi vida si viviera en los sitios por donde paso.
Aquí, sin duda, me haría amigo del pizzero de la esquina, rechoncho y gritón, que dirije su modesto negocio con desbordante pasión, que vuelcas en sus platos, humildes joyas de la cocina casera italiana.
en algun lugar del centro de España, unos señores mayores toman el sol que se refleja en el muro de una casa.
¿es que ya lo han visto todo?
Cuando sus hijos eran pequeños, los castigaban cara a la pared.
Ahora, como estos no tienen tiempo de visitarles y siempre tienen una buena excusa para no hacerlo, ellos se aplican el castigo, preguntándose, que habrán hecho mal.

Haciendo limpieza de fotos en el móvil, aparece esta foto.
En algún lugar del pirineo leridano, en una mañana fría volviendo de Andorra, me encuentro con esta imagen. No puedo por menos que parar el coche y llevarme este instante, quizás para luego tejer a partir de este retazo, un inicio de road movie.
El viajero (solitario, creo que se puede asignar mejor a este la acepción de viajero) lleva consigo una pequeña libreta, a modo de diario de abordo, en el que va apuntando los momentos de pequeños extasis cotidianos, que en otro tipo viajero pasaria desapercibido.
El viajero solitario se replantea el camino en cada cruce.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sales al balcón a fumar un cigarro en pijama, envuelta en una manta azul claro.
Saboreas el cigarrillo mezclado con el aire limpio de esta mañana fría.
Te observo a través de la ventana de mi cocina, con mi primer café, que endulzas.....

No se sabe todo, nunca se sabrá todo, pero hay horas en que somos capaces de creer que sí, tal vez porque en ese momento nada más nos podría caber en el alma, en la conciencia, en la mente, comoquiera que se llame eso que nos va haciendo más o menos humanos.

Las pequeñas memorias