Cuando era adolescente ayudaba en un comedor social, yendo los sábados por la mañana al mercado a pedir comida.
A cambio, nos dejaban un local donde nos reuníamos los amigos para hacer fiestas y otros asuntos.
Allí conocí a Nicolas. Un viejo alcohólico al que por alguna razón he recordado esta noche.
Tenia unos profundos ojos azules y una barba blanca que el tabaco amarilleaba. Llevaba un abrigo perenne y cálido, que junto su andar cadencioso, le asimilaba a un caracol.
Yo escuchaba embobado su profunda voz rota por el alcohol y el tabaco. Me daba consejos que no recuerdo. La lealtad, el amor, la perdida.
Recuerdo que hablaba de las mujeres como de un país lejano en el que había vivido, pero del que hacia mucho había partido, que lo había tenido todo....
"A este pueblo no le gusta la gente como yo" Previó.
Así fue. Un día ya no apareció, y no tuve que preguntar por él.
Se fue con su abrigo caracol casa a otro sitio, y una parte del niño que aún era, se fue con él.
Años mas tarde, el vagabundo que colecciona libros de la película "Leolo", que da nombre a este blog, me lo recordó.
Y era mi secreto homenaje a Nicolas
Ojalá existiera un cielo para estos ángeles.
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